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TE ME ESCAPAS

por La ventana de Ana PasSa

Aníbal ayudando en las tareas hogareñas.

Aníbal ayudando en las tareas hogareñas.

Cuando me quedé por segunda vez embarazada, creí  que sería capaz de saborear la maternidad de nuevo, siendo más consciente de la realidad que vivía, y lo fui, pero nunca tuve suficiente, quería parar, apurar, aprovechar, exprimir el tiempo gracias a él, qué ilusa soy.

Recuerdo que con su hermana hubo momentos vistos y no vistos, el día en el que anduvo, que empezó a hablar, a comer sola… y desde que nació mi segundo hijo no quería que llegasen esos días, no quería quemar etapas, no quería que el tiempo fuera tan rápido. No le estimulamos prácticamente nada para que anduviera, y sin embargo, echó a andar antes que ella… sí, aún siendo prematuro (nació de 34 semanas). Hablo de mi segundo hijo, Aníbal, el último de mis herederos. Tiene ahora mismo 2 años y 5 meses, y desde hace unos meses entró en una etapa de lo más extraña, al menos para su hermana…

Extraña porque está en una edad en la que aún quedan rasgos de la época en la que era un bebé, porque es pequeñito y sientes que ya no tendrás nunca más un niño chiquitín, y quieres que no crezca más, y extraña porque está en una edad un poco aDOSlescente, momentos que te dan ganas de gritar: “¡qué ganas de que pasen 4 años de golpe!”. Pero no, es momentáneo. Así que por eso digo que es extraña, porque no quieres que crezcan pero deseas a veces que se hagan mayores…

“Hola cariño, no hace mucho puse una foto tuya en mi Instagram (@anapassa) en la que decía “no crezcas nunca”, porque estás en una etapa graciosísima de la vida, porque eres todo inocencia, porque todo es puro, espontáneo, tal y como es. Dices lo que te viene en gana, haces lo que quieres y tienes esa lengua de trapo con la que inventas ese idioma que solo nosotros tus papis y tu “tata” conocemos. “Totoyó” (Pocoyó), “apilina” (plastilina), “quero” (quiero) “asé” (hacer), “Tesa” (Teresa), “Ela” (Daniela), “tito lalo” (abuelo Paquito), “ala asi” (abuela Rosi), lalo lelo (abuelo Carmelo), “lala” (abuela Pepa)… o cuando el papá te da con las dos palmas de las manos en los mofletes, y te dice “¡pandereta!” y tú le haces lo mismo y le dices “¡paeeta!”, y no te quiero contar cuando juntas varias de esas palabras y haces una frase poniendo cara de transcendental y levantando las palmas de tus manitas hacia arriba, no sé si contestarte, comerte vivo o pasarme la vida grabándote en video para que jamás se me olviden estas cosas, que son recuerdos de oro.

En esta etapa aún te dejas, te puedo coger, achuchar, hacer cosquillas, darte mil besos y escuchar esa risa que tienes aún de “bebé”, y recibir un beso tuyo que suena antes (o después) de que me toques con esa poca sincronía que tienes todavía.

Y hay días en los que te vas solo a un rincón a jugar con unos muñecos y uno le dice al otro “¡el pobema es el pobema!” y el otro le responde “¡No, asssí no. Eré malo!”. Y ahí me quedo yo mirando como si no hubiera mejor plan en el mundo. Que no lo hay.

Muero con esos abrazos que le das a tu hermana cuando la ves llegar, que no la dejas ni respirar, o de repente, y sin venir a cuento, en modo espontáneo, que ese es tu modo ahora.

Todavía tienes esos rollitos en los muslos, esos que encojes cuando te acuestas boca arriba, esa barriga hinchada de bebé y esa posición que coges al dormirte como cuando estabas dentro de mí. Y lo mejor de todo es que todavía te puedo coger en brazos, acurrucarte, llevarte en hombros, y le encanta estar en hombros, bien lejos del suelo, seguro en los brazos de papá, que a veces, te hace volar.

Que te encanta pintar, da igual que sea un papel, el armario en un descuido mío, o toda la ropa y el cuerpo entero…

Además ahora mismo eres mi mejor aliado, mi socio “number one”, allá donde yo vaya, vienes tú detrás, y te agarras a mi pierna por si no me doy cuenta. Que es al baño, pues al baño, a barrer la terraza, pues tú detrás, y si es posible me quitas la escoba o el aspirador y vas detrás imitando cada cosa que ves, por eso hay veces en los que te pillo con los tacones de mami, o con  un destornillador y te vas directo a abrir una puerta (porque papi es cerrajero)  o quieres ayudar a tender la ropa y si se te cae al suelo me toca volver a lavarla.

Estás en esa edad que me da pánico, porque no conoces ni eres consciente del peligro, y eres tan apasionado de los animales, que lo mismo te da tener un chiguagua delante, que uno que te cuadruplique el tamaño, los adoras, y corres hacia ellos, y los acaricias haciendo ese “¡¡Aaaayyy!” y al momento les sueltas un manotazo esperando ver la reacción. Quieres coger un cuchillo en la mesa para cortar el “pá”, y quieres enchufar la lámpara a la corriente eléctrica porque “queró lú” … esa edad en la que no te puedo apartar de mi campo de visión ni un minuto.

Y bueno, esto son unas pocas pinceladas de tu época final de bebé (29 meses), que se va, como dejaste la lactancia hace 4 meses, y el chupete hace uno… y aunque te disfruto lo máximo que te puedo disfrutar, siento que te me escapas, cómo ya se escapó tu hermana. Y pronto serás un niño más mayor y dejarás atrás todo eso, para dar paso a otra etapa también divertida y especial, pero diferente…

Y bueno, esta etapa tiene sus cosillas también, por ejemplo, no tienes paciencia, todo lo quieres para “¡ya!”, que abres el armario para pedir unas galletas y como no vaya al primer “¡mamá!” empiezas a gritar como si no hubiera un mañana. Que ves lo que tiene tu hermana y lo quieres pero “¡ya!” y como no te lo dé, empiezas a llorar, más intento de lesión de la pobre, y total, una vez lo consigues, lo tienes cinco segundos y lo dejas para olvidarlo cinco segundos más tarde.

Que ya te puedo pedir que me traigas el mando, que sueltes el juguete, que no enciendas y apagues la luz diez veces seguidas, que no pongas al límite la paciencia de tu hermana (que la tiene infinita), porque no eres consciente de que te llevas 3 kilos con ella (aunque tengas cinco años menos) y no controlas tu fuerza, que igual os oigo saltando, riendo y gastando energía y al segundo os oigo llorando, gritando y dando guantazos el uno al otro.

La verdad que es una miniaDOSlescencia y no digo mini por tu tamaño, lo digo porque aún leyendo y escuchando a otras mamis, me doy cuenta que no has tenido más que un par de rabietas y que dentro de la familia en la que convives, que somos todos puro nervio, tú has llegado con tu paz y tranquilidad, a regalarnos otro punto de vista solo con tu carácter.

Y que no sé si quiero que crezcas o que te quedes así para siempre. Bueno, en el fondo me gustaría que tu infancia durase más tiempo, tu etapa de bebé sobretodo, pero es algo imposible, algo que no puedo controlar, por eso siento todo el tiempo que TE ME ESCAPAS.

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Rocío 01/31/2018 22:25

Joder Ana, panzá a llorar con el post

Manoli 01/31/2018 18:08

Cuanta nostalgia Ana..... nuestros pequeños ponys..... yo a veces me pregunto dónde estaran esos dos bebes que un día tuve.... en algún sitio estarán aún, haciendo trastadas y dejándonos ese halo de incertidumbre que te evidencia que la vida pasa.... y nosotros con ella... y ellos para arriba y nosotros aquí, viéndolos pasar. Que suerte hemos tenido con nuestros hijos, cada unos con sus cualidades que los hacen únicos. Que bueno poder verlos crecer y recrearnos con ellos a nuestro lado (por el momento, exprimamos esos momentos siempre).
Un abrazo, precioso artículo.
Manoli

Verónica 01/31/2018 15:57

Son unas reflexiones tan divertidas y naturales de la convivencia con Aníbal que me he reído mogollón a la vez que he sentido nostalgia

Carola 01/31/2018 15:44

Q bonito, vendrán cosas distintas e igual de bonitas

Noe 01/31/2018 12:23

Que verdad es todo, Paco está en la etapa de los dos años también y tan pronto muero de amor, que muero de histeria es la maravillosa maternidad que pasa por tantos cambios como pasan ellos.

Me ha encantado

Natalia 01/31/2018 11:33

Precioso, por eso nosotros vamos a por el tercero!porque una vez que pasan los 3 años, ya sabes.