PORQUE YO, LO VALGO.
¡Hola a todos!
Antes de comenzar mi post, quisiera aprovechar para agradecer muchísimo, a todos los que me escribís, sobretodo agradecer las críticas constructivas, y por supuesto, las buenas críticas. Gracias por estar ahí estos tres años.
A veces, me mandáis mensajes a mi correo personal, sobretodo gente que no conozco, y os diré que vuestros mensajes, son una gran fuente de inspiración.
El sábado por la noche en casa, organicé una cena con amigos y comentamos algo que generó un pequeño debate. El tema trataba de como hoy, todo el mundo se niega a madurar, finalmente, y después de un buen rato de charla hasta que cambiamos de tema, todos acabamos opinando lo mismo.
Reflexioné sobre el tema y expuse lo que pensaba.
Para mí, el síndrome de Peter Pan es ridículo, me recuerda al de "sé tu mismo, porque tú lo vales", por el cual y gracias a él, hoy en día, es posible justificar cualquier comportamiento o cualquier hecho o actitud, alegando: "Es que estoy siendo yo mismo" o "Es que yo soy así, y al que no le guste, que le den". Esto es a lo que muchas veces, me he referido en mi blog.
Cuando uno va de claro por la vida sin miedo a las consecuencias, ni a los daños colaterales, puede pecar de inmaduro, de ridículo, siento si esto puede ofender a alguien, pero es lo que pienso.
Todos podemos equivocarnos, yo soy la primera en reconocerlo cuando me equivoco, si algo me enseñaron en mi casa desde bien pequeña (y que inculco e inculcaré a mi hija), a parte de ser agradecida y dar siempre las gracias, aunque resulte cansina, es pedir perdón. Y mira que a veces, cuesta. Pero hay que ser consecuente.
Ser uno mismo, se ha convertido hoy en día en la coartada perfecta. Cómo si ser uno mismo, fuera sinónimo de la perfección absoluta, como si uno fuera el metro patrón por el que se debe medir el mundo.
En mi opinión, esto es la mayor estupidez que ha creado esta generación. La mitad de los que se creen este credo, van dándose golpes de pecho "yo soy supermegaguay, yo soy superauténtico, yo estoy orgulloso de mí mismo y de todo lo que dependa de mí..., yo me organizo genial, toda mi vida es ideal..." o sea, "no pienso cambiar porque soy perfecto".
Es una pena, esta generación de quinceañeros, veinteañeros, treinteañeros, cuarentañeros... que tienen la autoestima por las nubes y la auto-crítica por los suelos.
Tener confianza en uno mismo, tenerse en tan buena estima, es una maravilla, un verdadero tesoro, pero siempre que se tenga en cuenta la auto-crítica.
Es bueno estar orgulloso de sí mismo, por supuesto, y hay a quien le cuesta mucho, yo por ejemplo, reconozco que siempre me exijo mucho y siempre estoy tratando de mejorar, tanto el bizcocho de nata que hice anoche, como el trato con los demás, etc. Y como os decía, es genial tener la autoestima alta, pero mi pregunta es: ¿de verdad que cuando se miran al espejo, no encuentran nada que mejorar, que perfeccionar, que pulir?
Lo malo de esto, es que se le hace pensar al tonto que la cultiva, que todo lo negativo que le sucede en su vida no es por su culpa, puesto que él es perfecto, es todo culpa del compañero de trabajo, que es malo, cotilla y malvado; o del mundo que está podrido, de los políticos, del cambio climático o de la cuñada o de la vecina del quinto, sí, sí, esa seguro que tiene la culpa de todo.
Este síndrome del que os hablo, lo que hace es evitar responsabilidades ni compromisos. Este síndrome del que os hablo es como cuando somos niños y el "yo no he sido" es el pan nuestro de cada día.
Maduremos señores, y en vez de decir "yo no he sido" y escurrir el bulto, hagamos un poquito de auto-crítica y pensemos ¿qué debería hacer para cambiar esto?. No por un sentimiento de inferioridad, ni por una autoestima baja, si no por una razón práctica.
Qué ya sabemos que la gente va a lo suyo, demasiado, que no se compromete nadie, ni para un café, no toleramos el carácter de nadie y a todos le vemos pegas, cada día aguantamos menos al de al lado porque "Yo soy así".
Porque siempre hay alguien al acecho y dispuesto a ponernos la zancadilla, o a criticarnos, a intentar manipularnos, siempre hay alguien egoísta, alguien mal pensado, todo eso es más que evidente. ¿Pero de que sirve lamentarnos y echarles la culpa? ¿No será más útil, en vez de decir "yo soy así y orgulloso de serlo", pensar que tal vez haya algo que yo esté haciendo mal? ¿No tendrá otro enfoque esto?
Tampoco quiero decir, que estemos atentos contínuamente a lo que puedan decir o pensar de nosotros, faltaría. Simplemente dejarnos guiar por las personas que nos aprecian de verdad, ver sus reacciones, su nivel de compromiso hacia nosotros, escucharlos y por supuesto, tenerlos en cuenta, porque a menudo, no hacemos caso a los que más nos quieren y nos importa más lo que piensa la vecina del quinto ;)
¿Sabéis quien cambia su destino? Las personas que están dispuestas a cambiar un poquito. Las otras sólo son personas que se dejan llevar.
Y ahora, os hablaré en primera persona. Esto es una especie de acto de contrición.Y como siempre, espero que os sirva de ayuda, a los que quizá os sintáis igual o parecido.
Como ya os dije, he modificado mi conducta en varias cosas que no me llevaban más que a una espiral de daños innecesarios. Y aunque hay cosas que cuestan porque van en nuestra persona, en nuestro carácter, si quieres cambio, has de cambiar.
He tenido que hacer algunos cambios, de repente, porque sí. Porque necesitaba cinco mil collejas antes de darme cuenta que algo fallaba en mí. Y lo digo porque me da la gana. Porque soy perfectamente imperfecta y estoy cansada de egoblogs.
He de reconocer que, en ocasiones, espero más de lo que debo. Pero sólo porque yo siempre estoy dispuesta a dar, me considero una persona servicial y agradecida, siempre, por norma y a no ser de alguna excepción, siempre estoy ahí para cualquier favor o cualquier llamada en la que se me necesite, aunque sólo sea para estar, para escuchar... Pero es que no me avergüenzo de ello, no me avergüenza decir que a veces espero más de lo que debo, sobretodo de las personas que más me importan, aunque como siempre me dice mi madre:”Ana, ¡te vas a decepcionar!”.
Hay un dicho, menos famoso que el de "No esperes nada de nadie" que a mí, personalmente me gusta más. Dice así: "La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar". Me identifico totalmente con esta frase.
"No esperes nada de nadie" decía Shakespeare y hasta mi abuela que en paz descanse. Pero del dicho al hecho...
Un madre que cocina toda una mañana para su familia, espera que se le diga algo por el esfuerzo, es más, tooodos los niños mejoran su actitud con refuerzos positivos, es decir, haciendo las cosas a cambio de una frase que los aliente a seguir haciendo las cosas bien. Cualquier cosa que requiera regalar tu tiempo a alguien, cualquier esfuerzo, material, dinero, tiempo, debería ser recompensado, con una presencia, una frase...
Yo creo, que todos, siempre esperamos algo, a todos nos gusta recibir un halago, a todos nos gusta que se nos recompense el trabajo realizado. Ayer precisamente vi “El Jefe infiltrado” un programa de la Sexta, el jefe se disfraza de trabajador de manera que no lo reconozcan para vivir en primera persona, el trabajo de sus empleados y realizarlo durante unas horas, al final, el jefe se da cuenta del esfuerzo que realizan, premia a los trabajadores con los que ha vivido la experiencia, les premia por su trabajo, les da un aliciente, pues bien, TODOS, lloraron y dieron las gracias porque por fin, alguien los valoraba. A eso me refiero, a que si no piensas en la otra persona, si no empatizas, si no te molestas en valorarla, en ponerte en su lugar, jamás pensarás que le debes nada, ni las gracias.
'
¿Porqué narices nos cuesta tanto ser detallistas con las personas? no me lo explico. Llega tu cumpleaños y como mínimo esperas que alguien lo recuerde y te felicite ¿no? Si pasa ese día sin pena ni gloria, ¿cómo te sentirías? ¿Igual? Yo no, desde luego. ¿Qué cuesta ser agradecido?, no cuesta nada. Es gratis.
Todos esperamos algo, hagas o no hagas, creas que lo mereces o no. Una llamada, un beso, una caricia espontánea. Un "te echo de menos". Un "tenemos que vernos". Un "tomamos café"...
La vida, es un trueque y hay quien recibe más y hay quien recibe menos y hay quien da más y hay quien da menos y no por ello es directamente proporcional.
A veces, sin darnos cuenta, no agradecemos nada a las personas que más nos quieren. Un padre, una madre, una hermana o hermano mayor que siempre ha estado ahí. Protegiendo. Porque es el rol que todos los hermanos mayores adoptamos. Y aunque crezcamos, llevamos eso dentro. Y los salvamos, a veces de una colleja en el cole, a veces de un castigo y a veces de una relación sin futuro.
A veces podemos parecer mandones, pero sólo porque queremos lo mejor para ellos. (Ya publicaré un artículo que tengo casi terminado sobre los hermanos mayores).
A veces, aconsejamos a personas que no quieren ser aconsejadas. Protegemos a quien no quiere ser protegido. Y uno no se da cuenta.
No hay que dar demasiado porque te quedas vacío... y no hay que esperar tampoco porque te quedas vacío igual. ¿Y sabéis porqué?, porque creamos unas espectativas que no siempre se cumplen.
A veces dar apoyo, regalos, amor, un guantazo a tiempo, produce una inmensa satisfacción personal al que los da y que es inversamente proporcional a la emoción que siente el que lo recibe, pero a veces, no.
A veces, agradecemos más al vecino un poco de sal. Que a tu padre el haberte apoyado en un duro trance. A veces, tenemos más detalles con quien menos detalles tiene.
En las relaciones, siempre dicen que hay uno que da y el otro que es el que recibe. Yo sinceramente, no me conformaría con una relación así. Pero ni en una relación amorosa como de amistad.
Y a veces, menospreciamos o no tenemos en cuenta lo que otros hacen por nosotros.
Dar y dar y esperar. Se acabo el esperar y el dar tanto. Yo a la única que le debo algo en la vida es a mi hija. Y de ella sólo espero verla feliz. A veces, ese amor será en forma de besos y otra de abrazos y dentro de unos años en forma de alegrías o de enfados o de castigos. Pero es a la única, que daré todo lo que mi persona me deje ser. Porque por ella no sólo MATO, sino que MUERO.
Hay quien por un poco de agradecimiento o cariño, da y se sacrifica, eso se tiene que acabar, hay que aprender a decir no, como dice Ana Von Reveur, a veces, "es mejor ser bruja que Blancanieves".
Esta sociedad, es desagradecida y nos sacan una maldad que no entiendo ni comprendo. Nos hace ser personas que no queremos ser. Nos hace ser fríos a base de decepciones y para no sufrir tanto. Yo ya he aprendido la lección. Me ha costado, mucho. Pero aquí estoy, aprendiendo a ser alguien que no me gusta ser, porque no quiero sufrir.
Intentad ser buenas personas, no crearos expectativas si sois personas serviciales, y si os las creáis, al menos sabed que cabe la posibilidad de que nadie lo vea. Intentad ser felices y aunque el que es servicial, lo es siempre, le sale innato, hay que aprender a decir no a veces, a eso estoy aprendiendo yo.
Un consejo y dicho popular que podéis tener en cuenta. O no. "Es de bien nacido, ser agradecido".
Y tú, ¿lo eres?
¡FELIZ SEMANA Y GRACIAS!
