UNA NUEVA NAVIDAD
Con la llegada de Diciembre llega la Navidad, las felicitaciones, la lotería, los miles de anuncios de juguetes, regalos y perfumes. Me encanta Diciembre y la Navidad.
Hoy voy a hablaros de la ilusión que me hace, que llegue esta época tan bonita para mí.
Aunque todas las Navidades me han gustado siempre porque me encantan los villancicos, el ambiente que se crea en todas partes, las calles iluminadas, las vacaciones, la cantidad de gente que sale a pasear, los niños pegados a los escaparates de las jugueterías, los belenes, el frío, las chimeneas, las reuniones familiares, los dulces caseros de estas fiestas, las comilonas, las reuniones con amigos, las salidas, las comidas o cenas de empresa, de compañeros de clase, de amigas, los regalos, los amigos secretos... ¿qué esto final suena materialista? Pues sí, puede ser, es más, la mayoría de cosas que he dicho lo son, pero aparte de lo superficial que pueda sonar, la Navidad también supone, unión, solidaridad, generosidad, amistad, amor, familia, alegría... Pero tengo que decir que me encanta recibir regalos, incluso comprarlos. ¿A quién no?
Habrá a quien no le guste, es evidente, todos tenemos motivos, hemos perdido seres queridos y no es fácil estar sin ellos, más aún, cuando ves a toda la familia junta y están esos huecos que quedaron vacíos que nadie podrá volver a llenar. Y hay algo que no me gusta tampoco de la Navidad, el consumismo que crea, que si por los empresarios del sector fuera, tendríamos hasta las paredes empapeladas de árboles de Navidad. Y bueno, lo peor de todo, son las personas que lo pasan mal económicamente, las que están solas. Eso es lo más triste, pero esta sociedad, bastante frívola, nos empuja a no querer ver la realidad, a cerrar los ojos para poder estar feliz, pero lo que está claro es, que la ve quien quiere y quiero dejar claro que estoy muy concienciada y lo veo todo perfectamente, es más, veo que muchísima gente está bastante concienciada con todo esto, pero bueno, este es un tema del que hablaré en algún próximo artículo.
Aún con todo eso, a mí, siempre me ha gustado la Navidad y este año me muero de emoción al pensar que este año hay una personita en casa, que va a vivir todo esto con una inocencia y alegría incomparable.
De pequeña, fui súper inocente hasta, creo que hasta casi cuando hice la comunión, luego recuerdo que lo tenía tan grabado a fuego en la mente, que me costó asimilar "la verdad" de la Navidad. Y me alegro haberlo sabido tan tarde.
Toda mi vida y mi infancia, recuerdo las Navidades en Elche, donde vive mi familia, el día de Nochebuena mis padres, mi hermano y yo, nos íbamos temprano por la mañana y nos tirábamos el día jugando con mis primos, a mediodía iba con mi madre a comprar un pollo asado y después de la siesta, por la tarde, mi yaya y yo, íbamos a por castañas a la plaza, había una castañera que se ponía todos los años en el mismo sitio, de hecho hoy en día cuando paso en alguna ocasión, aún la veo y me emociono al pensar esos ratitos que se te quedan tan dentro del corazón. Por la noche, nos juntábamos todos en casa de mi yaya para cenar, TODA LA FAMLIA, no faltaba ni un primo, ni un tío. Nadie. Siempre hemos sido una familia súper unida, creo que también tiene que ver el hecho de que somos una familia pequeñita, ya que a mi padre se le murió su madre y su hermana teniendo sólo cuatro añitos y por parte de mi padre, sólo conocí a mi abuelo que murió hace muchos años. Así que tengo a la familia de mi madre, que no cambiaría por nada del mundo. Entre mis primos y yo, nunca ha habido un roce, es decir, serio, si que ha habido alguna pelea y eso, pero siempre lo hemos solucionado, porque nos queremos un montón y nos llevamos genial, somos como hermanos, y la verdad, no conozco hermanos que nunca se hayan peleado. En mi familia, las únicas nietas somos mi prima María y yo, así que nos hemos criado siendo las únicas chicas de la familia y no sé si será por eso pero estamos súper unidas, somos hermanas, siempre lo decimos.
El caso es que esa noche era súper especial. Después de cenar y que mis tías y mi madre se fueran a "fregar los platos de la cena". Nos poníamos a comer las castañas, nueces, dulces y a cantar villancicos con una zambomba y unas panderetas que tenía mi yaya. Luego los nietos hacíamos una obra de teatro en la que yo siempre era la directora, (no se porque será...) Y de repente, oíamos un golpe fuerte, nos partíamos de risa de los nervios, de repente, mi yaya decía que creía haber oído un ruido en su dormitorio y allá que íbamos todos los primos como locos corriendo, chillando, fuera de sí y ¡¡allí estaban todos los regalos!!!!. Nos partíamos de la risa, nos revolcábamos por la cama, nos tirábamos al suelo, abríamos los regalos del de al lado, todo con unos gritos y nervios exagerados. De hecho aún vemos algún que otro video y nos seguimos riendo. Incluso en más de una ocasión mi primo Joaquín y mi hermano, vieron a Papá Noel y sus renos volar por el cielo. ¡¡Qué época tan feliz y maravillosa!!
He de decir que a mi hermano y a mí, en Nochebuena, nos traían regalos la familia de Elche, pero no mis padres, así que nunca pedíamos nada, siempre eran regalos sorpresa, ya que mis padres (y yo ahora), preferimos celebrar los Reyes Magos debido a que es nuestra tradición y entran dentro de nuestra religión.
Esa noche dormíamos en casa de mi yaya y al día siguiente nos levantábamos y desayunábamos chocolate con churros y después de estar toda la mañana subiendo y bajando a casa de mis primos, ya que mis tías y mi yaya vivían en el mismo edificio, mi tía Mari y mi yaya en en 3º y mi otra tía Juani en el 4º, así que teníamos siempre un trajín por el edificio, subiendo y bajando escaleras de piso en piso... que recuerdo que salían las vecinas y decían "¡Ya han llegado los nietos de Orihuela de la señora María!" Y nos llamaban para darnos un beso y decirnos lo mayores que estábamos. A mediodía poníamos la mesa, ¡¡¡ocupaba casi todo el salón!!! Y estábamos histéricos porque por fin íbamos a comer las famosas "pelotas de la yaya" que sólo las hacía una vez al año, por el trabajo que llevaban, la pobre se tiraba una semana preparando y comprando y encargando cosas para el cocido y ese día se levantaba a las 5 de la mañana para hacer cerca de 60 pelotas ¡¡en una pedazo de olla que podías meter un caballo!! Recuerdo que me levantaba por la mañana y allí estaba la mujer con su delantalico puesto y friendo churros para que desayunáramos los nietos y haciendo el cocido para todos.
Como me gusta recordar el olor de la casa de mi yaya y más ese día, como me gusta recordar como mi hermano y yo hacíamos un castillo humano para llegar a la estantería de las chocolatinas en el armario de la cocina y como mi yaya siempre nos pillaba y nos daba ella el trocico de chocolate. Siempre recordaré esa época con alegría, emoción y nostalgia también, porque ella y mi tía ya no están con nosotros.
Ahora el testigo de las pelotas lo ha cogido mi madre, desde que murió mi abuela se encargó mi tía Mari, pero sólo pudo hacerlas un año porque al año siguiente murió. Tenemos otra tía mayor que mi madre, pero no le gusta mucho la cocina así que mi madre cogió el testigo gustosa. Así que ahora toda mi familia espera que llegue Navidad para las pelotas de la tía Pepi.
El día de Reyes, era súper emocionante también. En Reyes, todos los años mi madre me convencía de que los Reyes no podían traerme lo que pedía y yo como tonta, caía. Esos días después de la cabalgata, nos íbamos lanzados a casa a preparar todo para la llegada de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente a casa. ¡Qué ilusión llegar por la noche y poner las zapatillas de estar por casa en el balcón!, ponerles paja para los camellos que previamente habíamos cogido en casa de María y Pascual (un primo de mi padre, en la Campaneta), y habíamos dejado 3 copas de coñac, que con el tiempo se convirtieron en vasos de leche para los Reyes, porque mi madre me decía que si todos los niños del mundo les ponían una copa de coñac, acabarían borrachos... (creo que el que acababa borracho era mi padre)... que el pobre se los tenía que beber.
Esa noche nos íbamos a dormir súper temprano, al día siguiente, a las 6 de la mañana íbamos a la cama de mis padres para que salieran ellos "por si los Reyes aún no se habían ido" y salíamos cual gacelas a abrir los regalo
s como cosacos. Siempre y gracias a Dios, me he sentido muy afortunada porque me traían lo que pedía, que básicamente eran muchas cajas de pastillas Juanolas (tenemos una relación estrechísima desde que era pequeña, de hecho creo que el dueño de las pastillas, levantó o su imperio gracias a mí, tengo testigos que lo pueden corroborar, jajaja) Algunas chocolatinas y tres o cuatro juguetes que pedía porque veía por la tele, pero aparte me traían algún regalo más sorpresa. Después desayunábamos chocolate con roscón y más tarde, nos íbamos de ruta por casa de mis tías de Orihuela y luego a la Glorieta a pasear mis juguetes nuevos. De hecho, esto aún lo hago con mi hija.
Es una época maravillosa, que se pierde cuando se va la inocencia y todos crecemos y no hay niños por casa, pero este año, está mi nena, y ella, este año será consciente, así que voy a vivirlo todo de manera diferente y súper bonita. De hecho, ya llevo casi un mes, contándole la historia de cómo nació el niño Jesús y porqué venían los Reyes Magos a verlo, como van por el cielo siguiendo la estrella con los camellos y también que tenemos que escribir la carta para pedirles algún juguete. Supongo que al año que viene vendrán ya las amenazas tipo: "Si no te portas bien, ¡los Reyes te traerán carbón!". Pero por ahora, la estoy metiendo de lleno en este nueva "época" para ella. Me muero de ganas de ver su carita el día de Reyes o la noche de Nochebuena o cuando vea a Papá Noel salir del huerto de los abuelos.
Las cosas han cambiado mucho desde que era pequeña. El día de Nochebuena, lo celebramos en el campo de mis padres, junto a la chimenea y con toda la familia, la Nochebuena es sagrada y ese día se junta la familia sí o sí. De la cena nos encargamos mi madre, María y yo. Y después de cenar nos damos los regalos, nos duchamos y arreglamos y salimos a tomar copas. Pero este año, será diferente, no sé si saldré y me quedaré con la familia a comer castañas al lado de la chimenea, las cosas han cambiado y no me importa nada quedarme, más por mi nena, de hecho después de cenar pienso empezar ya (ya lo hice el año pasado pero no se enteraba mucho) a decirle que he oído un ruido...
El día de Navidad lo pasamos con mi familia política, vamos a una casita en la huerta que construyó mi suegro, es muy bonita y mi suegra prefiere reunirnos allí ese día, van todos sus hijos, nueras y nietos, y antes de comer, llega Papá Noel, que aparca el trineo en la vía del tren y viene andando a la casita y reparte los regalos a los peques y mayores. Luego por la tarde, volvemos al campo con mi familia para contarnos que tal el día y tomar los dulces navideños y por la tarde-noche salimos a dar una vuelta con los amigos.
Hablando de dulces Navideños, ya me he hecho con todas las recetas de los dulces navideños, me encanta la repostería y este año voy a probar a ver qué tal me salen.
El día de Reyes haré todo lo que hacía de pequeña con mi niña. Creo que cualquier madre que tenga un niño pequeño e inocente todavía, puede ponerse en mi lugar y saber lo que quiero transmitiros, ese sentimiento de ternura, emoción, amor... me erizo al pensarlo, pondré las zapatillas en la terraza para que los Reyes sepan cuántos niños hay en casa, iremos a por un poco de paja para los camellos, llenaremos un barreño con agua y les dejaremos un vasito de leche a cada Rey Mago. Ya el año pasado me emocioné con ella al abrir los regalos, así que mi marido piensa que este año creo que saldré disparada por el techo de la emoción, yo creo que lo haré...
Quiero escribir la carta a los Reyes (porque a Papá Noel, no le pedimos nada, trae sorpresas) quiero llevarla a ver los belenes, quiero contarle la historia de nuestra religión, quiero enseñarle a valorar todo lo que tiene, que es afortunada porque hoy en día hay muchos niños que no tendrán regalos. Quiero el primer sábado de Diciembre decorar mi casa con motivos navideños con ella y mi marido, y poner el árbol, montar el belén... Quiero vivir la Navidad, porque gracias a ella, gracias a mi princesa, voy a vivir otra Navidad maravillosa y diferente.
Os dejo una versión de un villancico que siempre me ha gustado porque fue el primero que me enseño mi yaya--> http://www.youtube.com/watch?v=sH2-5WNCZg0
QUÉ PASÉIS UNAS FELICES FIESTAS CERCA DE LOS QUE MÁS OS QUIEREN. ELLOS SON EN REALIDAD LOS QUE MÁS MERECEREN LA PENA DE ESTAS FIESTAS.
¡FELICES FIESTAS!
